Síntomas psicóticos

Si una persona padece depresión severa, quizás tenga síntomas psicóticos. En el caso de la depresión psicótica también pueden experimentarse pensamientos negativos, pero se vuelven imposibles y difíciles de entender para otras personas, ya que nunca podrían ser reales.

Tal vez piense que tiene la culpa de accidentes graves y catástrofes. También puede estar convencida de que es una mala persona y se siente tan inmoral que cree que merece morir o recibir un duro castigo.

El hambre y la sed pueden reducirse tanto que su estado se vuelve crítico, y sólo en algunos casos la persona deja de comer y beber del todo. La internación hospitalaria debe hacerse tan pronto como sea posible, ya que una condición como ésta rápidamente se vuelve letal.

Posibilidad de peligro

Cuando una persona padece depresión psicótica, vive en una realidad paralela. No es totalmente capaz de cuidar de sí misma y la situación se vuelve peligrosa. Para poder proteger y tratar a la persona, siempre se requiere la internación hospitalaria en los casos de depresión psicótica. Si la situación se vuelve crítica o peligrosa, siempre habrá un médico disponible. De ser necesario, la internación se realizará contra la voluntad del paciente.

Paranoia

Una persona con depresión psicótica puede volverse paranoica y sentirse perseguida. Quizás se convenza de que ciertas personas u organizaciones secretas la buscan para hacerle daño o castigarla. Tal vez crea que es una víctima inocente, pero los pensamientos depresivos la convenzan de que, en realidad, merece ser perseguida y castigada.

Alucinaciones

La depresión psicótica también provoca alucinaciones. La persona quizás oiga voces que hablan despectivamente sobre ella o le dicen que debe ser castigada. Las voces también pueden alentarla a castigarse; quizás a suicidarse. En los casos de depresión severa pueden presentarse ideas suicidas sin tener alucinaciones. Por consiguiente, la depresión severa es una enfermedad muy grave que requiere internación en un pabellón psiquiátrico.

Un ejemplo

Un día de otoño, un hombre mayor fue internado en un pabellón psiquiátrico con depresión severa. Estaba ansioso, inquieto y presentaba síntomas psicóticos. No podía quedarse quieto debido a su intranquilidad. Cuando contó su historia, lo hizo con bastante incoherencia, suspirando y viéndose interrumpido por su autocrítica. Esta es su historia:

"En los meses de verano, pasamos la mayor parte del tiempo en nuestro huerto. Cultivamos nuestros vegetales allí. Tenemos una pequeña casa y un cobertizo. Cocinamos en unas pequeñas hornallas con un tubo de gas. En primavera, nos preparábamos para el verano. Por eso, limpié el cobertizo, como siempre.

En él, encontré un tubo al que todavía le quedaba un poquito de gas. Me pareció que era peligroso dejarlo con gas allí, entonces tomé un destornillador y presioné la válvula. Así, saqué el gas y volví a colocar el tubo en donde estaba. Planeaba cambiarlo por uno nuevo en otro momento.

El verano fue cálido y seco. Estaba prohibido regar pero lo hacíamos en secreto. De todas formas, la tierra se secaba, se agrietaba. El puerro y todos los demás vegetales se marchitaron. Estoy seguro de que yo causé la sequía cuando dejé salir el gas porque destruí la capa de ozono.

No sólo falló mi cultivo de vegetales, la cosecha en Dinamarca también salió mal. Las catástrofes mundiales, la sequía y el hambre también son mi culpa. Vi un programa sobre el hambre en África hace unos días. Allí, mostraban que los niños están muriendo. Es mi culpa, siento que ya no tengo derecho a seguir viviendo".

Afortunadamente, la esposa de este hombre organizó su internación en el hospital y su tratamiento. Él recibió terapia electroconvulsiva y medicamentos, y se recuperó rápidamente.

Ultima actualización:20-06-2008